OTRAS PALABRAS

Tomás Martínez

Aún no sé si estaba dormido o despierto. Recuerdo aquel diario con llave de tapa roja que escribía y guardaba cada noche en una caja de vinos, a la edad de 6 años. Me enamoré sin querer de aquel papel en blanco y más cuando lo llenaba con mis pensamientos. Ver aparecer las palabras con la tinta de un bolígrafo: era emocionante.
Luego, como en todas las vidas, empezaron a pasarme cosas. La tristeza y la alegría empezaron a salir de mí a cada momento como guiadas por un río invisible, y no podía parar. Y del poco a poco, al hoy. Todos llevamos un poeta dentro. En unos nace antes, en otros después y los hay que se mueren sin saberlo. No sé si yo lo soy. Lo que sé es que he aprendido, casi sin darme cuenta, a plasmar todo lo que siento. Y no dejaré de hacerlo.
Es amor, es poesía y es… todo lo que tengo.

Otras palabras

Y los ojos escucharon. Todo lo demás imaginación.   Hortaleza dio paso a la Gran Vía. Fueron los pasos, pequeños, entre más pasos los que anunciaban que andar entre la gente era como intentar respirar dentro del agua. Y sentirse pez entre cuadrículas con red y con partículas

Quedo quieto, saboreando el perfume de tu mirada, besando tus labios a distancia, mientras recorría tu cuerpo con mis manos. Manos invisibles para ti

Vale, saldré y pasearé por los verdes jardines del Retiro. Me dejaré llevar y escribiré profundo hasta que pierda el sentido.   Una tras otra cien páginas y te diré lo que nunca te digo, y

  La alegría de un reencuentro esperado  con aquel que forma parte de nuestro yo más esencial.   J.L.     Al rincón se le enfriaron los respaldos firmes y blandos.   Los cuatro pupitres se alejaron de las manos y de los cuerpos que

Como una ligera brisa de la nada empujada por el hada con color del calor de un cuerpo celeste suspendido por encima de la tierra y sin prisa.   En el aula de las voces se encontraron, la

Me olvidé de mí mismo al despertar en la arena de aquella playa y reflejado por un mismo amanecer.   Me olvidé de besar teniendo un sol de frente.   Me olvidé de amar, con la luz de

La niebla en paseos, -por los bordes verdes al pie de tu montaña- entre la tierra, húmeda de marrón, y corteza de castañas.   Subir, al vacío de la mansión en la noche de las almas perdidas, con un pulmón

Pedacitos de aire colándose por la ventana. Una nube de cristal se acercó para tocarme y yo me quise dejar, una cumbre sin pisar es un niño con hambre. Pienso subir hasta el

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa nevegando está dando su consentimiento y aceptación de nuestra política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa nevegando está dando su consentimiento y aceptación de nuestra política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies