Momento III

 

Abrí los ojos en la oscuridad de la noche
y no hubo forma de parar, las lisas,
blancas filas que me alzaban,
al lugar del que nunca debí salir,
pero si supe escapar.

 

Alumbré con la mano la vela,
quemándome el pulgar.
Adiviné por su sangre de cera
que la pera no sirve en lagar,
por muy buen fruto que sea.

 

No da miel la abeja. 
No, sale a buscarla.

 

Un retrato colgado en una habitación sencilla.
Esperada luz. 
Sol que lo calienta  
atravesando las cortinas.
Sol, amanecer,
sacándome de la rutina
me haces ver.

 

La primera luz que me das, 
la misma que me vio nacer, 
 y me verá morir un buen día.

 

 

 

 

losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es

 

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