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El lenguaje nos acerca a la felicidad

El 20 de marzo ha sido reconocido como el Día Internacional de la Felicidad, y son muchos los factores que pueden llegar a explicar qué es esa sensación, esa vivencia tan difícil de definir. El último informe mundial sobre la felicidad, el World Happiness Report 2018, recoge algunos de esos indicadores, como son la libertad para elegir el propio estilo de vida, la renta per cápita, la generosidad o las percepciones sobre la corrupción, entre otros. 

Aunque conseguir o no la felicidad ha sido un reto para el hombre siempre, parece que el lenguaje ayuda sobremanera a conseguirlo porque, como explica la profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universidad Oberta de Cataluña, Amàlia Creus,el secreto de la felicidad reside en la capacidad que tenemos de expresarla en palabras o, dicho de otro modo, en la habilidad para dar sentido a las emociones por medio del lenguaje”.

Con motivo del Día Internacional de la Felicidad,  expertos de la UOC analizan desde la sociología, la comunicación y la neurociencia si el lenguaje puede ayudar a hacernos sentir más felices. En este sentido, el sociológo y profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universidad, Francesc Núñez, “los  humanos poseen la habilidad de poder compartir las emociones por medio del lenguaje y experimentar una gran diversidad”.

Algunos expertos afirman que la capacidad para traducir en palabras experiencias emocionales puede ser positiva y generar beneficios personales. Saber distinguir y nombrar con precisión lo que sentimos en un determinado momento, detallarlo y matizarlo más allá de las emociones básicas (bien-mal, triste-feliz, nervioso-tranquilo, etc.) es lo que se conoce como granularidad emocional. “Para una persona con una granularidad alta no es lo mismo sentirse fastidiado que enfadado, indignado o nervioso, es capaz de matizar sus emociones”, ejemplifica Creus. 

Si el lenguaje ayuda a sentirse más felices, lo más recomendable es ampliar el vocabulario. Núñez asegura que depende de la riqueza de nuestro lenguaje, de nuestra conversación y los interlocutores, que la felicidad tenga una u otra dimensión, sea más o menos rica.  

www.uoc.edu. 

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