Naderías

 

Vuelvo por la pradera
humedecida y verde, y deshabitada,
palpando con las manos lo que no tocaban pies,
más tarde… del revés.
Horizontal palmo,
entre mis huesos y la tierra
dejando espacio en aire
como bajada de río
con sus aguas limpias y transparentes,
casi, casi congeladas.
Los años vividos son siempre
muchos menos de los que luego pasan, sin boca caliente
-“la piel es el alma no perdida,
del sentimiento… que sí respiro”-.

 

La mañana es otra tarde directa hacia la noche.

 

El pecado
un brindis a solas, dejándose llevar,
un momento que dura
lo que tardan en morir las cuatro luces de mis tres velas.

 

Acaba de empañarse el cristal,
por el vaho de la boca de la mañana.
Miro el reloj, la misma hora que ayer con mismo empaño
y más arrugas en la garganta.

 

Sólo acaba lo que vino después de nacer
lo demás nunca termina.

 

Un instante,
son instantes que a solas, tatúan las  pequeñitas palabras en el blanco de las hojas,
con alma de gigantes.

 

http://losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es/

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